
UNA ESTRELLA. PERO ENCONTRÓ UN CHISTE BUENO.
Yo me quedo con lo importante: hubo uno.
Para descubrirlo, lo mismo se quedó hasta el final. Eso tiene mérito.
Porque yo, si en un restaurante me sirven excrementos de saltamontes, no sigo probando cucharadas a ver si en la número 47 aparece una croqueta.
Después me recomienda dedicarme a otra cosa. No está tan mal: pagó por comedia y terminó aprendiendo orientación laboral.
«En cualquier caso, gracias por despejarme una duda importante: hasta en mi peor espectáculo hubo un chiste bueno. Ahora solo tengo que averiguar cuál era.»
