El autor

    Huí de la carrera de Empresariales para dedicarme al humor... y el humor me acabó convirtiendo en una empresa.

    Soy Marcos Félix, Rolling Bufón: monologuista y guionista. La historia completa tiene más vueltas. Y empieza con una receta de cocina con uñas de murciélago.

    Retrato de Marcos Félix, Rolling Bufón, monologuista y guionista

    Empecé a los diez años, con una receta de cocina

    En 5º de EGB la maestra nos mandó escribir una receta. Para no aburrirme, inventé una con uñada de murciélago, moco de serpiente y legaña de araña.

    Mientras la escribía me pasaban dos cosas a la vez. Me sorprendía a mí mismo encontrando ingredientes cada vez más repugnantes, y me imaginaba la cara de mis compañeros al oírla en clase.

    Pero lo que de verdad me motivaba era otra cosa: la maestra no iba a poder regañarme. Yo había hecho exactamente el trabajo que ella mandó. En ningún momento dijo qué ingredientes tenía que llevar.

    El humor es eso: una travesura controlada. Una voladura controlada de la realidad.

    Sigo escribiendo chistes desde ese sitio exacto.

    COU significaba Curso de Orientación Universitaria

    En mi caso fue muy útil: me orientó exactamente hacia donde no tenía que ir.

    Eran finales de los ochenta. Wall Street, los yupis, la fiebre por hacerse rico. Yo no tenía ni idea de qué estudiar, pero sí tenía clara una cosa: quería ganar dinero. Así que me matriculé en Ciencias Empresariales.

    Al poco de empezar ya sabía que aquello no era lo mío. En verano me quedó Contabilidad. La estudié para septiembre. Y volví a suspender.

    Y entonces pasó lo interesante: cuanto peor me iba la carrera, más horas pasaba en el cine. Películas a mediodía y por la noche. Libros de cine, de directores, de historia del cine. El cine no era una afición. Era donde me refugiaba de una vida que no era la mía.

    Mientras estudiaba Contabilidad la cabeza se me iba y escribía greguerías con lo que tenía delante: el lápiz, la goma de borrar, los folios. Acababa de caer en mis manos un libro de Ramón Gómez de la Serna.

    En la facultad se reinauguró la revista literaria. Presenté unos relatos de humor y una selección de mis greguerías, las que más me gustaban de todas las que había escrito. Gané el primer premio: 25.000 pesetas de 1996.

    Con una parte me compré una máquina de escribir Olivetti. La otra parte se la di a unas monjas misioneras en África, como forma de agradecer que se pudiera ganar dinero haciendo algo que me gustaba.

    Terminé la carrera con eso en la cabeza. Lo primero que hice al aprobar la última asignatura fue girarme en la puerta de la facultad y hacer un corte de mangas.

    Madrid, escuela de guion y reparto de pizzas

    Me matriculé en la escuela TAI de Madrid: dos años de guion de cine y televisión. Para pagármelo, repartía pizzas.

    Todo el mundo quería ser actor o director. Yo quería ser guionista. O sea: quería trabajar mucho, cobrar poco y que otro se llevara los aplausos. Ya se veía que tenía madera de emprendedor.

    Al salir de la escuela entré en Prime Time, la productora de Valerio Lazarov, en la Torre Picasso. Llegué gracias a Anaí López, una escritora mexicana que entró la primera y nos recomendó a varios compañeros de la escuela. Era una productora pequeña y a Valerio lo tratábamos a diario. Salir de clase y empezar ahí fue un puntazo.

    Después pasé a Producciones Calcón, de Paco Arango — la productora de Aladina. Nos contrataron a cuatro para desarrollar la biblia y los capítulos de una nueva serie: dos compañeras, un compañero y yo. Y ahí descubrí el problema.

    Yo pensaba que un guionista escribía historias. Luego descubrí que un guionista escribe historias para que otros disfruten cambiándolas.

    Montabas el puzzle pieza a pieza y venía el productor, quitaba una y metía otra que no encajaba pero que a él le hacía ilusión. Opinaba el productor, opinaba el actor, opinaba el director. Opinaba hasta el de iluminación. Y el guionista no opinaba nunca del trabajo de los demás.

    El libro que me cambió el oficio

    Paco viajaba con frecuencia a Nueva York y volvía con libros de comedia que allí eran habituales y aquí casi nadie conocía. Uno de ellos era The Comedy Bible, de Judy Carter.

    Ahí, además de escritura de chistes, aprendí que en Estados Unidos los cómicos se hacían guionistas de televisión y los guionistas se hacían cómicos. Y leí la frase que me colocó donde estoy ahora: cuando eres cómico eres tu propio guionista, tu propio actor, tu propio director y tu propio productor.

    Nadie podía cambiarme el guion, porque el guion lo escribía yo, lo decía yo y, si salía mal, la culpa también era mía. Aquello me pareció libertad.

    Spoiler: era emprendimiento disfrazado de libertad.

    Hueco reservado para una foto de Marcos con todos los libros de comedia con los que ha aprendido el oficio.

    Donde el silencio se sienta en primera fila

    Corría 2003 o 2004. Pepe Macías, cómico de Paramount Comedy y pareja de una compañera de la escuela, me habló de un open mic que se hacía los miércoles. Fui a verlo. Lo presentaba Ignatius. Me acerqué a preguntarle si podía subir algún día a probar mis textos.

    Y yo subía con toda la ilusión. Y no se reía nadie. Y según iba viendo que no se reía nadie, me iba encogiendo en el escenario. Al final, siempre me pasaba lo mismo: llegaba un momento en que, de tanto silencio, mi mente también se silenciaba, me quedaba absolutamente en blanco.

    Quería que nadie tocara mis palabras. Lo conseguí. El problema es que el público tampoco las tocaba.
    Marcos Félix en directo en Beer Station Madrid probando monólogos

    Volví. Y volví. Y volví.

    Mientras tanto trabajaba de teleoperador en un servicio técnico. Las tardes eran para el teléfono, las noches para probar texto y las mañanas para escribir. Ese trabajo resultó ser el mejor entrenamiento posible: hablas con desconocidos, nadie te escucha del todo y aun así tienes que seguir con energía.

    Reír cuando no te apetece reír

    Subirte a un escenario delante de desconocidos, como si los conocieras de toda la vida, y que no se rían de un chiste que te ha costado semanas escribir, ya es duro. Memorizar esos textos, ensayarlos, recordarlos ahí arriba, también.

    Pero lo más difícil no es eso.

    Lo más difícil es conseguir hacer reír los días que a ti no te apetece reír.

    Eso no se aprende en ningún curso. Solo se consigue pasando por esa situación muchas veces, hasta que sabes sacarle risas al público aunque por dentro seas una lágrima. Ese es el punto en el que de verdad puedes llamarte cómico, o humorista de escenario.

    Marcos Félix recibiendo el 1.er Premio en el Concurso de Monólogos Villa de Vallecas
    1.er Premio del Concurso de Monólogos Cómicos Villa de Vallecas (Madrid).

    El fracaso del éxito

    Después vinieron las excedencias, un ERE, facturar a través de una cooperativa y, tras la pandemia, un boom de eventos privados. Hice un curso gratuito de emprendimiento en Guadalajara donde aprendí a preparar propuestas en serio y a profesionalizarme. Y por fin me hice autónomo.

    Conseguí vivir de esto. Y entonces llegó la broma final.

    Cuando por fin conseguí dedicarme a lo que me gustaba, descubrí que cada vez tenía menos tiempo para hacer lo que me gustaba.

    Presupuestos, correos, facturas, llamadas, logística de los desplazamientos, gestión, ventas. Un tío estudia Empresariales para hacerse rico, huye de Empresariales para dedicarse al humor, y acaba descubriendo que para vivir del humor tiene que hacer… todo aquello que odiaba de las Ciencias Empresariales.

    Y lo peor es que me llaman para charlas sobre emprendimiento. Es decir: doy clases de la carrera de la que salí haciendo un corte de mangas.

    Buscaba dedicarme a hacer chistes y he acabado convertido en mi mejor chiste.

    Mi manera de dibujar

    Cada humorista usa las herramientas que mejor se le dan. La mía es la palabra: historias breves, anécdotas, réplicas, exageraciones hasta el ridículo, comparaciones, formas de mirar lo cotidiano que no son las habituales.

    El humor coge la realidad y la deforma en imágenes estrafalarias — como esos dibujos animados que tanto nos hacían reír de pequeños. Mis chistes favoritos son los que descubren ironías y paradojas. Y los que dibujan en tu cabeza caricaturas hechas con palabras. Es mi manera de dibujar.

    Porque dibujo tan mal que mi hijo, para ahorrarse los deberes, llevaba al colegio dibujos míos. Y nunca pasó del 5.

    Escribe chistes que te sorprendan a ti mismo. Cuando lo consigues, probablemente conseguirás sorprender también al público.
    Marcos Félix Rolling Bufón expresión cómica y caricatura gestual

    Lo que más me gusta de este oficio no son los aplausos. Es dar con un chiste, a solas, escribiendo, y pensar: "con esto se van a cagar". Esa sensación de sorprenderme a mí mismo es la mejor que conozco como cómico. Mejor incluso que la risa del público. Aunque luego, muchas veces, al probarlo en directo, no se rían.

    Marcos Félix con chaqueta de cuero, polo rojo y usando el micrófono como mazo de mortero
    Declaración de intenciones

    Marcos Félix: un nombre premonitorio

    Marcos proviene de Marte, el dios de la guerra. Félix viene también del latín y significa literalmente feliz, afortunado, portador de dicha. Es decir: el espíritu combativo y la valentía de plantarse con un micrófono frente a un grupo de desconocidos.

    «Y eso es exactamente lo que soy yo: el guerrero que batalla en el escenario para que el evento sea memorable y la gente se marche feliz.»

    Por qué te cuento todo esto

    Porque explica cómo trabajo, y eso es lo que de verdad te interesa si estás pensando en contratarme.

    Vengo del guion, no de la animación

    No improviso un rato gracioso: escribo y construyo. La estructura de un monólogo se parece más a la de un guion de lo que la gente imagina.

    Entiendo tu mundo desde dentro

    He hecho presupuestos, he peleado con facturas y sé lo que es defender una idea delante de alguien con capacidad para cargársela. Cuando hablamos de tu evento, no hace falta que me expliques según qué cosas.

    Sé lo que cuesta que algo funcione de verdad

    Eso se aprende quedándote en blanco en un open mic delante de gente que no te debe nada, no en un PowerPoint.

    ¿Buscabas material publicable? Bios en cuatro longitudes, fotos en alta, sinopsis del show y ángulos de entrevista están reunidos en el kit de prensa.

    En escena

    Clips y pases de Marcos Félix en directo

    Show completo de repertorio en directo
    Al pulsar se cargará YouTube
    Show Completo45:00
    Stand-Up

    Show completo de repertorio en directo

    Stand-up comedy de autor con ritmo, ironía y conexión con el público.

    YouTube
    Improvisación y lectura de sala
    Al pulsar se cargará YouTube
    Directo2:48
    Improvisación

    Improvisación y lectura de sala

    Prueba de chistes nuevos y escucha activa de sala en open mic.

    YouTube
    Teaser de 2 minutos · Multirregistro
    Al pulsar se cargará YouTube
    Teaser2:14
    Varios Registros

    Teaser de 2 minutos · Multirregistro

    Resumen ágil de diferentes pases y registros de humor.

    YouTube

    ¿Hablamos de tu evento?

    Cuéntame qué estás preparando y te digo con criterio si puedo aportar y cómo.

    Contactar