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    Monólogos a medida19 de agosto de 20266 min de lectura

    Qué es un monólogo personalizado (y por qué no consiste en decir tu nombre)

    Marcos Félix · Rolling Bufón

    Un monólogo personalizado es un espectáculo de comedia escrito desde cero a partir de informaciones de la vida real de una persona, un grupo o una entidad.

    No es mi repertorio de siempre con dos nombres propios y una profesión insertados a última hora. Si la historia cambia, cambian la premisa (el punto de partida), el punto de vista y los remates del chiste.

    Yo lo describo siempre como una caricatura dibujada con palabras.

    Un caricaturista reconoce un rasgo físico, lo estira, lo distorsiona y esa exageración hace más visible algo que ya estaba allí. En un monólogo personalizado, el dibujo no se hace con tinta sobre la nariz o las orejas: se hace sobre los hábitos, las pequeñas manías, las contradicciones entre lo que alguien dice y lo que hace, y esas anécdotas que todo su entorno conoce pero nadie había ordenado con estructura de comedia.

    Por qué es más difícil que adaptar un texto

    Un monólogo de repertorio general habla de experiencias universales reconocibles por la mayoría. Se ha probado en decenas de salas, pasando por públicos fríos y calientes: sé exactamente dónde hacer una pausa, dónde acelerar y qué palabra sostiene la risa.

    Una pieza personalizada, en cambio, se estrena sin red de seguridad.

    Se representa una única vez, a corazón abierto, delante de las únicas treinta o doscientas personas en el mundo capaces de entender cada referencia interna. No hay bolos previos para pulir los chistes. Eso exige investigar a fondo, escribir el doble de material del que se va a usar, memorizar a contrarreloj y ensayar imaginando la sala. Y luego, mantener la compostura cuando alguno de los chistes no funciona como se esperaba.

    La recompensa es que, cuando el chiste estalla, el público no escucha una broma genérica: se ve reflejado dentro de ella.

    La materia prima no es un discurso bien escrito

    Para escribir comedia a medida no necesito que la familia, los amigos o la entidad me redacten un texto gracioso. Necesito que conozcan a la persona o conozcan de lo que hablan y me lo transmitan.

    Suelo enviar un cuestionario con preguntas estratégicas. Quien me contrata puede responderlo por escrito o —la opción más cómoda y productiva— mediante audios de WhatsApp. Un audio espontáneo suele traer el triple de detalles, el tono real de la anécdota y la emoción sin filtrar.

    Cuando la información la aportan varias personas del entorno, ocurre una de las cosas más divertidas del proceso: las versiones contradictorias.

    Quizá el protagonista se define como alguien puntual, mientras que su pareja y sus amigos tienen pruebas de todo lo contrario. Como decía Lope de Vega: «La comedia es fingimiento». A veces una pequeña contradicción nos cuenta más de una persona que su currículum oficial.

    Del dato al chiste: la cocina del guion

    Los datos en bruto no son comedia por sí mismos. El trabajo de guion consiste en encontrar asociaciones inesperadas basadas en la información recibida que resulten sorprendentes pero sigan siendo lógicas para quienes conocen al protagonista.

    Caso 1: La puntualidad

    Dato real: El novio siempre llega tarde a todas partes y han elegido las Islas Canarias para la luna de miel.

    Asociación cómica: No eligió Canarias por el clima; lo hizo porque, como allí siempre es una hora menos, es el único sitio de España donde podrá llegar puntual a todas partes.

    Caso 2: La carrera interminable

    Dato real: Un arquitecto tardó casi el doble de años de lo normal en terminar la carrera.

    Asociación cómica: No es un defecto, es una virtud curricular: es el candidato perfecto para dirigir las obras de la Sagrada Familia de Barcelona.

    Caso 3: El compromiso

    Dato real: Un novio que tarda veinte años en casarse diciendo que necesita «cimentar bien la relación».

    Asociación cómica: Su pareja sabe perfectamente que lo que tiene bien cimentado no es la relación, sino la cara: de cemento armado.

    En los tres casos, el chiste no inventa una mentira: reorganiza la verdad para que el público la descubra desde un ángulo nuevo pero con cierta lógica y verosimilitud.

    Una anécdota graciosa todavía no es un chiste

    Muchas veces el cliente me dice: «Esto tienes que contarlo, es graciosísimo». Y cuando lo analizas, te das cuenta de que la gracia dependía al 100% de haber estado allí, o requería diez minutos de explicaciones previas para llegar a un remate débil.

    Por eso escribo mucho más texto del que finalmente llega al escenario. Seleccionar también es escribir: mi trabajo consiste en detectar qué necesita la sala para entrar en la historia, podar lo que sobra y estirar las situaciones cómicas para que el ritmo nunca decaiga.

    Cero sorpresas para quien contrata

    Antes del día de la actuación:

    • Compruebo que el formato encaja con el acontecimiento, el público y el protagonista.
    • Recojo la información y hago las preguntas de seguimiento necesarias.
    • El cliente recibe el guion completo antes del evento para comprobar datos, tono y límites acordados.

    Quien contrata dispone de una ronda de ajustes dentro del alcance acordado hasta lograr un guion plenamente consensuado. El efecto sorpresa es el mayor regalo para el protagonista; quien paga el servicio no debe llevarse sobresaltos de tono ni momentos incómodos.

    Cuándo encaja mejor este formato

    Los cumpleaños son el encargo más habitual, pero el formato funciona con la misma fuerza en:

    • Aniversarios de boda y bodas: retratando los hitos y manías de la pareja.
    • Jubilaciones y despedidas: despidiendo a un compañero histórico con cariño y colmillo blanco.
    • Graduaciones y formaciones: cerrando etapas con humor y complicidad.
    • Eventos corporativos y entidades: donde el humor inteligente permite distender tensiones o reforzar la cultura de equipo sin riesgos reputacionales.

    Puede contratarse como una pieza 100% a medida (de 10 a 20 minutos de alta intensidad, o incluso 30) o combinarse con una parte seleccionada de mi repertorio de escenario para cubrir un espectáculo completo con un presupuesto equilibrado.

    Cómo empezó todo

    En el verano de 2016 recibí la petición de una mujer que quería regalarle a su marido un monólogo sobre su vida por su 40.º cumpleaños. Mi formación previa como guionista y el estudio autodidacta del oficio del stand-up me hicieron lanzarme al reto: quería probarme a mí mismo si era capaz de escribir comedia de encargo.

    Escribí más material del que podía llegar al escenario. La reacción del público confirmó que allí había algo distinto y acabó convirtiéndose en una parte central de mi profesión.

    Años después, tras buscar ironías y paradojas en muchas vidas ajenas, terminé reconociendo la estructura de chiste de mi propia vida. De ese descubrimiento ha nacido «El fracaso del éxito», un espectáculo propio que estoy desarrollando en salas.

    Un recuerdo que no caduca

    A diferencia de un regalo material que termina olvidado en un cajón, un monólogo personalizado se puede grabar en vídeo. No solo conserva las risas de esa noche: guarda para siempre el retrato que un grupo hizo posible al compartir lo que sabía de una persona o una entidad.

    Eso es, para mí, un monólogo personalizado: una historia que ya existía, pero que nadie había mirado todavía desde ese ángulo.

    Comedia de encargo · Rolling Bufón

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