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    Monólogos a medida21 de agosto de 20267 min de lectura

    Monólogos personalizados para grupos de amigos y peñas: 5 ejemplos reales de humor hecho con vuestra historia

    Marcos Félix · Rolling Bufón

    Hay grupos de amigos que llevan veinte años acumulando material para un monólogo y todavía no lo saben.

    Tienen motes cuyo origen ya nadie recuerda, viajes que empezaron como vacaciones y acabaron como una investigación de la Guardia Civil, frases que uno repite desde 2009, una bebida oficial del grupo, una anécdota que sale en todas las cenas y ese amigo al que no hace falta presentar porque basta con decir su mote para que se rían ocho personas.

    Eso, cómicamente, vale bastante más que buscar en Internet chistes genéricos para una peña.

    Un monólogo personalizado para una reunión de amigos, una cuadrilla o una peña no consiste en coger un espectáculo normal y meter tres nombres: el trabajo empieza justo en lo que un desconocido no podría saber, vuestra historia común.

    1. Cuando el grupo hace innecesario el equipo de sonido

    La preparación del propio evento se convirtió en material: si el local hubiera tenido un equipo espectacular, ese chiste no habría existido. Personalizar también es escribir con lo que ocurre mientras se prepara la actuación.

    Dato real de partida

    Dato real: En una celebración de una cuadrilla manchega, el organizador me avisó de que el local finalmente no disponía de micrófono ni altavoces. El pequeño detalle era que las homenajeadas tenían fama de hablar siempre a voces.

    Asociación cómica: «Me avisaron: ‘Al final no tienen micrófono ni altavoces’. Lógico: en cuanto supieron que veníais vosotras guardaron el equipo de sonido. ¡Como os dé por hablar por un micrófono, aparece alguien del pueblo de al lado a denunciar el ruido!»

    2. Cuando un disfraz de Carnaval regresa para rematar otro chiste

    El dato del disfraz no se queda en una referencia aislada: reaparece más tarde como callback para cerrar otro bloque y construir memoria cómica interna.

    Dato real de partida

    Dato real: La misma cuadrilla tenía la tradición de disfrazarse de monjas en Carnaval. Y entre ellas era conocida otra característica bastante menos espiritual: cocinar no era precisamente su superpoder.

    Asociación cómica: «Cuando alguna de vosotras cocina, en lugar de bendecir la mesa dais la extrema unción... ¡Por eso os disfrazáis siempre de monjas!»

    3. El hombre que necesitaba un organigrama para sus motes

    Un buen mote lleva comprimida una biografía entera: para un extraño es solo una palabra, pero para una peña puede ser una temporada completa de una serie.

    Dato real de partida

    Dato real: En el entorno de una peña había una persona conocida por tantos apodos distintos que casi parecía una plantilla completa de amigos.

    Asociación cómica: «Lleva toda la vida con la misma pareja, toda la vida con la misma moto... Lo único que cambia constantemente es de nombre. Tiene tantos motes que un amigo puede colgar una llamada con él, mirar la agenda, ver otro de sus apodos y pensar: ‘Coño, a este hace muchísimo que no le llamo’.»

    4. Cuando dos profesiones se convierten en la forma de contar una historia

    Podría haber hecho chistes genéricos sobre bebés, pero habrían servido para cualquier pareja del planeta. Al cruzar sus oficios con la celebración, el tema universal se convierte en su historia.

    Dato real de partida

    Dato real: En una celebración privada con un pequeño grupo de amigos, los protagonistas iban a ser padres primerizos. Él trabaja en mantenimiento; ella, en administración y compras.

    Asociación cómica: «Y ahora llega una niña: una niña que no trae manual, no trae factura, no trae garantía y que probablemente empiece a abrir incidencias a las cuatro de la mañana. Hasta ahora, cuando algo fallaba, él lo arreglaba y ella preguntaba cuánto había costado; ahora habrá alguien que falla cada tres horas… pero no emite factura.»

    5. Cuando un viaje de amigos acaba siendo el prólogo de otra historia

    El cómico no necesita convencer al público de que aquello ocurrió: el público estuvo allí. La risa empieza un segundo antes del remate, en el momento en que reconocen hacia dónde voy.

    Dato real de partida

    Dato real: Ese mismo grupo guardaba el recuerdo mítico de un viaje conjunto a Calabria: excursión en barco, mareos brutales, medusas y un plan que fue perdiendo el control por fascículos.

    Asociación cómica: «Tienen una anécdota mítica de un viaje a Calabria: un barco, mareos brutales, vómitos, medusas y un desastre total... Yo no entiendo por qué han hecho el curso de preparación para el parto si ya lo hicieron en ese barco.»

    Lo que una peña ya tiene y todavía no sabe que es material

    Para preparar este tipo de actuaciones no necesito un informe de cuarenta páginas sobre vuestra amistad: necesito detalles concretos como motes y su origen, viajes que todavía se recuerdan, frases repetidas, roles cómicos (el organizador, el tardón, el que nunca paga, el que siempre quiere volver pronto y acaba cerrando el bar) o pequeñas meteduras de pata compartidas.

    La clave no es reunir secretos ni comprometer a nadie: es detectar qué detalles cotidianos tienen una premisa cómica dentro.

    El tono canalla también se personaliza: una cena íntima con amigos de toda la vida no tiene los mismos límites que una comida donde están presentes familiares o distintas generaciones. Las líneas rojas se acuerdan antes de escribir para que la única sorpresa sea la risa.

    Vuestra historia ya tiene el material. Yo me encargo de buscar dónde está la comedia.

    Marcos Félix
    Comedia de encargo · Rolling Bufón

    ¿Queréis que vuestra peña o grupo de amigos sea la protagonista?

    Cuéntame qué celebráis, quiénes formáis el grupo y esas historias que solo vosotros entendéis. Con eso empezamos a buscar dónde está la comedia.