Monólogos personalizados para graduaciones y centros formativos: 5 ejemplos reales de cómo convertir un curso en comedia
Marcos Félix · Rolling Bufón
Una graduación ya trae el guion medio escrito.
Meses o años de clases, profesores míticos, trabajos en grupo, exámenes eternos, grupos de WhatsApp, asignaturas imposibles, manías de la promoción y frases que se han repetido cien veces solo necesitan una cosa para convertirse en comedia: que alguien las mire desde el ángulo correcto.
Por eso un monólogo personalizado para una graduación no consiste en coger veinte chistes genéricos sobre estudiantes y cambiar el nombre del centro a última hora.
Primero investigo la vida real de la promoción, del profesorado y del centro. Después busco contradicciones, exageraciones e imágenes que hagan sentir a la sala: ‘Esto solo podía pasar aquí’.
1. Una incidencia informática puede ser material cómico
Cuando el procedimiento interno de una institución tiene tres pasos más de los que tendría para cualquier ser humano razonable, normalmente ya contiene un chiste. Solo hay que encontrar dónde está.
Dato real: En una intervención para el área de Educación Digital y Tecnología de una universidad, la clave eran los procesos internos entre Informática, Transformación Digital, tickets de soporte y Teams.
Asociación cómica: «La máquina de café imprime un ticket. Le llevo el ticket al informático y me dice que como lo de la máquina forma parte del gran proyecto para el cambio tecnológico... ¡de eso se encargan los de Transformación Digital y tengo que crear una tarjeta de Teams!»
2. Cuando el examen ya es digital pero el sistema sigue en papel
No hace falta inventar un universo extraño: muchas veces el absurdo cómico ya está funcionando delante de todos desde septiembre.
Dato real: En una actuación para una ikastola de Bizkaia, los alumnos habían pasado de trabajar en papel a utilizar ordenadores en el aula, pero la forma de supervisar las pruebas apenas había variado.
Asociación cómica: «Los alumnos habéis pasado de trabajar en papel a trabajar con ordenador, pero los profesores siguen vigilando los exámenes exactamente igual que cuando se hacían en papel... ¡Eso es como si en Star Wars atacan con naves supersónicas y los buenos se defienden con carros tirados por bueyes!»
3. El cuarto de un estudiante también puede necesitar mapa
Ahí reside la diferencia entre describir una costumbre y explotarla cómicamente: una imagen genera otra, y luego otra más, hasta construir un gag visual completo.
Dato real: En otro encargo para un estudiante, el dato de partida era sencillo: pasaba horas frente al ordenador y su habitación era un caos absoluto.
Asociación cómica: «Es tan desordenado que si a su cuarto le pusieran ruedas parecería el camión de la basura. Si la Academia de Suecia visitara su habitación, le darían el Nobel de Física por aplicar la Teoría del Caos. Y para abrir la ventana, su madre tiene que abrir Google Maps: origen, la puerta; destino, la ventana.»
4. Hay carreras que duran más que una carrera
Un buen dato biográfico permite escalar: no hace falta contar veinte años de vida, sino encontrar el rasgo del que puedan brotar tres buenas imágenes consecutivas.
Dato real: Uno de los homenajeados había tardado mucho más de lo normal en completar la carrera de Arquitectura.
Asociación cómica: «Le dieron el título de arquitecto no por aprobar los exámenes, sino porque llevaba ya más tiempo en la Escuela de Arquitectura que sus profesores... A mitad de carrera ya lo elegían jefe de estudios, y en la foto de la orla sale con los hijos de los que empezaron con él.»
5. Cuando un padre ya lleva años haciendo monólogos gratis
La adolescencia y la etapa estudiantil tienen una ventaja enorme para escribir comedia: padres e hijos llevan años estudiándose mutuamente, aunque ninguno apruebe el examen.
Dato real: En un monólogo para una joven que cumplía 18 años y preparaba la EVAU, su padre me contaba la sensación universal de hablar con ella en el coche y sentir que hablaba solo.
Asociación cómica: «A que cuando vas hablando con ella en el coche te sientes como un monologuista... Luis está tan harto de soltar monólogos y que no le escuche que ha pensado: ‘Mira, para soltarle yo un monólogo, mejor contrato a un monologuista y que se encargue él’.»
Qué puede personalizarse en una graduación o cierre de curso
No hace falta que vuestra promoción tenga una historia digna de un documental de Netflix: el material cómico siempre aparece en las cosas pequeñas: profesores y sus frases míticas, asignaturas que han dejado secuelas, trabajos grupales que fueron pesadillas compartidas, grupos de WhatsApp y recuerdos que la sala reconoce en medio segundo.
La personalización no consiste en humillar a nadie: antes de la actuación se acuerda el tono (desde blanco e institucional hasta más gamberro) y el guion se ajusta al público que estará en la sala.
Una graduación puede terminar con otro discurso que todos aplaudan por compromiso, o con un momento que solo tenga sentido para vosotros.
— Marcos Félix
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