Chistes personalizados para cumpleaños: cuando tu vida se convierte en un monólogo
Marcos Félix · Rolling Bufón
Cumplir años ya da bastante material sin necesidad de recurrir otra vez a las velas, las canas o a contar que la tarta necesita un extintor.
Un monólogo personalizado funciona de otra manera. Parte de la persona real: sus manías, su trabajo, sus aficiones, sus contradicciones, sus frases, su familia y esas anécdotas que todos recuerdan menos el homenajeado, que suele recordarlas justo cuando empiezo a contarlas delante de cincuenta personas.
A partir de ahí, la información deja de ser una ficha biográfica y se convierte en comedia de autor. Estos son algunos ejemplos reales extraídos de monólogos que he escrito para cumpleaños.
1. Pedro: una camiseta que ya debería estar en un museo
La gracia no nace de «cumplir años». Nace al cruzar dos datos que, en principio, no tenían relación: una camiseta antiquísima y el sueño de su mujer de ser arqueóloga.
Dato real: Pedro llevaba más de veinte años usando la misma camiseta de la marca Sólido. Su mujer, Susana, siempre había soñado con ser arqueóloga y Pedro tiene la costumbre de ir dejando las llaves y la cartera por toda la casa.
Asociación cómica: «Pedro lleva más de veinte años con la misma camiseta. Yo creo que esa camiseta es precisamente lo que mantiene a Susana perdidamente enamorada de él. Si su sueño siempre ha sido ser arqueóloga, ¿qué mejor marido que un hombre que se viste con restos arqueológicos? La camiseta es tan vieja que la M que lleva ya no significa ‘mediana’... significa MOMIA. Y cuando Susana necesita encontrar a Pedro no tiene que llamarlo: solo sigue el rastro de objetos por la casa. Para ella, encontrar las llaves del coche dentro del joyero no es un despiste: es una expedición arqueológica.»
2. Víctor: contratar a un monologuista para descansar de él
El propio regalo entra dentro del chiste: la contratación del monólogo se convierte en parte de la historia cómica.
Dato real: Víctor habla muy alto. Muchísimo. Y su mujer, Beatriz, decidió contratar un monologuista para su fiesta de cumpleaños.
Asociación cómica: «Víctor habla tan alto que, si no fuese informático, podría ganarse la vida recorriendo los pueblos anunciando al tapicero sin altavoz: ‘¡Ha llegado el tapicero, oiga!’ Y los del pueblo de al lado: ‘Ve sacando el tresillo, que en media hora está aquí’. Le pregunté a Beatriz: ‘¿Cómo puedes aguantar todos los días a un hombre que habla tan alto?’, y me dijo: ‘¿Por qué crees que he contratado a un monologuista para que hable media hora por un altavoz? Es la única manera de tener un rato de calma’. Pero, Beatriz, en tu plan hay algo que falla: Víctor te va a dejar sorda por un oído, yo por el otro… ¡y encima a mí me vas a pagar!»
3. Rosa: si habla tanto, ¿por qué le habéis contratado un monologuista?
Un rasgo de personalidad se conecta con su profesión y con el propio cumpleaños para generar complicidad instantánea.
Dato real: Rosa es alegre, dicharachera y extraordinariamente parlanchina. Además, regenta una Administración de Lotería.
Asociación cómica: «Toda tu familia dice que una de las cosas que más le gusta de ti es que seas tan habladora y charlatana. Entonces tengo una pregunta: si tanto os gusta escucharla… ¿cómo es que habéis contratado a un monologuista para su cumpleaños? ¿No será que queríais conseguir que durante media hora hablase otra persona? Yo creo que Rosa consiguió la Administración de Lotería porque dio tanto la chapa a los que concedían las licencias que terminaron diciendo: ‘Dadle una y metedla dentro de esa pecera de cristal, a ver si dejamos de escucharla’. Menos mal que no la pusieron a cantar los números con los niños de San Ildefonso: el Sorteo de Navidad duraría todo el año.»
4. Silvia: sus hermanas siguieron jugando con muñecas después de los veinte
Aquí no hace falta inventar una personalidad extravagante: la propia biografía ya contiene una imagen cómica reconocible.
Dato real: Silvia nació cuando sus hermanas eran ya bastante mayores. La diferencia de edad convirtió su infancia en una situación familiar muy peculiar.
Asociación cómica: «Sus hermanas fueron las únicas chicas de su pandilla que siguieron jugando con muñecas después de los veinte años... solo que la muñeca era Silvia. Todas sus amigas iban a la discoteca con un bolso colgado del hombro; ellas iban con un carrito. Sus amigas haciendo botellón… y ellas al lado dando el biberón a su hermana.»
5. David: el hombre que no encontraba ni su propia dirección
Una característica real se convierte en una regla cómica del personaje para hilar remates con ritmo.
Dato real: David tenía un sentido de la orientación legendariamente desastroso y una biografía llena de giros y cambios de rumbo.
Asociación cómica: «David tiene tan mal sentido de la orientación que un día quiso tumbarse en la toalla y acabó tirándose de cabeza a la piscina. Fue a matricularse en Económicas y terminó en Teleco. Cuando trabajaba en eBay, salía hacia la oficina y acababa llegando a Wallapop. ¿Sabéis por qué no le contrataron en IKEA? Porque pensaron: ‘No podemos contratar a este hombre. Como algún día tengamos que despedirlo, no encuentra la salida ni de coña’.»
6. Rosa: una hermana protectora con métodos discutibles
No todo el humor personalizado consiste en dar caña: a veces una anécdota entrañable de infancia retrata la complicidad de forma insuperable.
Dato real: Cuando eran pequeñas, una de las hermanas de Rosa dejaba el desayuno sin terminar. Para evitar que sus padres la regañaran, Rosa encontró una solución muy creativa.
Asociación cómica: «Su hermana dejaba el tazón de leche del desayuno entero. Rosa, para que sus padres no la regañaran, se bebía la leche que había dejado… y después le mojaba los labios con leche para que pareciera que se la había tomado ella. Eso no es una hermana: eso es una especialista en borrar pruebas de la escena del crimen.»
Un cumpleaños personalizado no necesita chistes sobre la edad
Cumplir 40, 50, 60, 70 u 80 años puede ser el motivo de la fiesta, pero rara vez es lo más interesante de la persona.
Lo interesante suele estar en esa frase que repite siempre, en la afición que se le ha ido un poco de las manos, en la profesión que contradice completamente su manera de ser, en un viaje que terminó como no debía o en dos datos aparentemente inocentes que, al juntarlos, crean un chiste que no podría servir para nadie más.
Eso es lo que busco cuando escribo un monólogo personalizado para un cumpleaños: no una colección de chistes que podrían contarse en cualquier fiesta, sino un retrato cómico de una persona concreta.
La materia prima ya la tenéis: años de historias, manías y recuerdos compartidos. Yo me encargo de convertir todo eso en stand-up.
No hay dos personas iguales. Tampoco debería haber dos monólogos iguales.
— Marcos Félix
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